Una frase muy famosa, creada para la obra dramaturga teatral, escrita por el autor Mauricio Kartun y, en esta oportunidad, dirigida por Paula Ransenberg, es puesta en escena en timbre 4.
En el pasillo tuvimos una espera amena, era una tarde de domingo otoñal soleado, en el barrio Balvanera, caminamos desde la boletería a la sala. Un espacio pequeño, el escenario en una esquina con cortinas rojas, un balcón con rosas rojas, una silla, una mesa con una vitrola, un disco de vinilo, unos cuantos libros en el piso y encima una botella de alcohol con un shot, completaron el espacio. Nos ubicamos a ver la obra de teatro.
Cerca del público y en penumbras el músico Fede Berthet comienza a tocar la viola, una melodía corta pero con mucha fuerza, allí estaba él, dando inicio a la actriz lucíana Dulitzky, quien actúa a una intérprete de música que mostraba su talento desde una fosa o tras los telones porque, quien se adueñaba del instrumento, la viola, era la figuranta y simulaba tocarla, ya que su belleza y gracia era lo que se necesitaba para que las famosas orquestas o solos, fueran un espectáculo de admirar agregando su físico de mujeres jóvenes, atractivas y con ropa sensual que se movían al compás y armonía.
Esta eran las típicas historias a comienzos del siglo 20 en Buenos Aires, donde se concurría con frecuencia a los bares con atracciones de orquestas de señoritas y la mayoría del público era masculino y bebía en los reservados.
El monólogo va recorriendo la vida de esta artista que al no cumplir los estándares de belleza estereotipados, ocultaba bajo una fosa su talento, pero lo mostraba contando con una buena imitadora, que se tomará el papel como propio, y así exponer su destreza al tocar la viola, el cual era un instrumento que no le gustaba, pero que adquirió como suyo el resto de su vida. Pero su vida cambió al dar un vuelco artístico cuando sus interpretaciones fueron apropiadas a la última figuranta, quien parecía ser ella quien tocara el instrumento, pero la artista miraba su imitación desde la fosa con deseo y admiración.Pues en esta obra parece que la segunda parte de la oración no se completa, la suerte de la fea la bonita la desea. así mismo La actriz de este monologo destacó que para hablar de fealdad, es para ella una persona maliciosa, y cree que todos tenemos un área en la que se puede desplegar la belleza o el poder personal, y con experiencias de su adolescencia pudo rescatar la sensación de sentir el complejo de fea, y ahora lo toma con diversión o se ríe, porque si no encaja en el estereotipo del momento, se enfoca en sus intereses que son otros.
Por: Bibiana Reyes



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