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| La fachada del CCK con los inconfundibles tonos de la bandera argentina |
COMIENZOS DE LA ÓPERA EN ARGENTINA
Entrando la tarde, el Centro Cultural Kirchner ubicado en la antigua oficina del Correo Central de Buenos Aires, es el sitio indicado de dar espacio al amplio abanico artístico que en Argentina se torna interminable con el devenir de los años.
El protagonista del evento es un misterio a develar. Segundo a segundo, los anfitriones desentrañan la madeja de información respecto a él. Son Margarita Pollini y Lucio Bruno-Videla, los encargados de repasar la vida del padre de la ópera en el país. El personaje que cargó de matices la historia de la música argentina, impregnando su huella en uno de los territorios que más lo aclamó.
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| Retrato de Mariano Pablo Rosquellas, padre de la ópera en Argentina |
Ojos negros que hipnotizaron a las porteñas. Su dueño, Mariano Pablo Rosquellas, estrenó una noche de 1825 en Buenos Aires "El barbero de Sevilla", la obra más famosa de Rossini en lo que se consideró el nacimiento de la ópera en Argentina. Este misterioso hombre fue un cantante, actor, violinista, compositor, director y empresario teatral madrileño, activo en la ciudad entre 1823 y 1833, cuyas melodías eran las encargadas de movilizar al pueblo argentino ya independizado.
IMPORTANCIA Y DETALLES DE SU TRABAJO
Rescatamos algunas palabras junto al director de orquesta, Lucio Bruno-Videla, al frente de las tareas de recuperación de esta sinfonía y esto ha comentado:
¿Qué lugar ocupa esta obra en la historia de la música argentina?
Encontrar partituras escritas en territorio argentino durante el siglo XIX es muy difícil en la actualidad. Hallar obras grandes, sinfónicas y de este estilo, lo es aún más. Había toda una tradición del género batalla que data de muchos siglos antes, en época renacentista. Con comienzos en España, los organos en ese país tenían cierto registro de trompetas para emularlo el sonido de estruendos, representando la lucha entre dos bandos. Esto tenía que ver, además, con las batallas simbólicas entre moros y cristianos. Y en América Latina, Rosquellas trae aquello de Europa con esta épica de lucha y heroísmo a partir del siglo XIX. Su aporte a nuestra música es de suma relevancia, se trata de una obra simbólica de todo un género de batalla sinfónica del cual casi no se tienen registros. Y es un gran logro que nuestro país cuente con este tesoro.
¿Qué debemos tener en cuenta a la hora de escuchar "La batalla de Ayacucho" para apreciarla mejor?
Una sinfonía es la acción de sonar en conjunto. En la época de Rosquellas esta definición era mucho más amplia; una obra de importancia y relativa longitud, escrita para orquesta con dos variables básicas. La pieza unitaria que podía durar entre 5 y 10 minutos, también llamada abertura o una obra en tres o cuatro partes de carácter diferente y/o contrastante. Esta segunda versión es sobre la cual se posa La batalla de Ayacucho. En esta sinfonía, los cuatro movimientos o partes son las siguientes:
El primero movimiento está compuesto de un largo, lo cual significa una entrada muy, muy lenta. Luego un allegro maestoso que significa una melodía movida, de caracter más gestuoso y un allegro assai que significa muy movido. El segundo movimiento es la batalla en sí, mencionada como allegro assai. El tercero es la marcha fúnebre y el cuarto es allegro, o sea, movido.
Hablando técnicamente es una partitura programática, es decir, inspirada en elementos extra-musicales. Una batalla como inspiración, es un elemento que no pertenece a la música misma. Y además es una partitura simbólica, porque posee un discurso con tópicos sonoros que el público de la época podía decodificar y en muchos casos aún los puede reconocer o identificar, por ejemplo las fanfarrias del ejercito que se escuchan en la orquesta, los bombos utilizados como cañones.
La obra es cíclica. Contiene elementos que se presentan transformados en los diversos movimientos. En realidad este detalle es una apreciación personal, ya que esta característica en realidad se desarrolla unos setenta años después. No responde al formato de la sinfonía clásica llamada vienesa. Rosquellas utiliza el recurso de la espacialidad de la música, el sonido que hoy llamamos estéreo.
Es así como estilísticamente, La batalla de Ayacucho (1832) es la culminación del estilo musical militar que existió en el Buenos Aires de la época. Y que concluyó con esta y la canción "Al veinte y cinco de mayo" compuesta por Massini y dedicada a Rosquellas (1832).
TAREAS DE TRANSCRIPCIÓN, EDICIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DE LA OBRA
No se sabe si la partitura hallada es un manuscrito original de Rosquellas, pero sí se tiene claro que es un material de la época. Se trata de "particella", parte individual de un instrumento en una obra orquestal. En la batalla de Ayacucho hacía falta la partitura del director, donde cada uno de los instrumentos estuvieran ubicados verticalmente. Los manuscritos que posee la familia Rosquellas en Bolivia, y que han cedidos, corresponden a 14 instrumentos, algunos individuales y otros a dos por parte.
Parte de la reconstrucción consistió en ver donde se encontraban los huecos en las partituras para incorporar esos sonidos procurando intervenir o modificar el estilo de Rosquellas lo menos posible, este trabajo sólo fue necesario en el primer movimiento. La transcripción significó el traspaso nota por nota, signo por signo, punto por punto, del formato de manuscrito al de edición realizado manualmente mediante el programa de edición "Finale". El segundo paso fue el de edición, para constatar y tomar decisiones sobre lugares dudosos, revisar errores involuntarios de la copia. Reconstitución y reconstrucción en referencia a que las partes fueron sumadas en el trabajo final, para hacer de ellas un conjunto y se completaron, respetando la composición del autor, a fin de no dejar huecos en la obra.





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